miércoles, 13 de mayo de 2009

Instituto San Judas Tadeo

Día de la Virgen de Luján


Celebración en el Jardin de Infantes



Misión por el barrio con la Virgen de Lujan de los chicos del Nivel Primario

martes, 12 de mayo de 2009

Reflexión

Buscadores de Amor…
Esa es, quizás, nuestra raíz y nuestra esencia, nuestra más profunda fuerza, lo que a veces nos rompe, pero otras nos sube al cielo. Podemos amar y ser amados. Vivimos anhelando encuentro, caricia, palabra de comprensión y reconocimiento.

Decimos de Dios, del que somos imagen, que es amor. Y cuando miramos alrededor y vemos a los otros, soñamos con vivir desde la cordialidad de unos brazos que se estrechan, unos ojos que se comprenden o unas manos que se enlazan.

1. Un amor con muchos nombres
“Como el Padre me amó, yo os he amado a vosotros. Permaneced en mi amor” (Jn 15,9)

El amor tiene muchos nombres, muchos rostros, muchas formas. Tiene innumerables historias. Es amistad, fe, pasión, enamoramiento; es fraterno, filial, paterno; es compasión por las vidas heridas o anhelo por lo que está por vivir.

Es encuentro, quietud o tormenta. Es aceptación incondicional, y al tiempo fe en las posibilidades del otro.Amor es saber darnos. Y también saber pedir ayuda a aquellos en quienes confiamos. Es disfrutar de la presencia y echar de menos en la distancia. Es celebrar juntos la vida y llorar juntos los golpes. A veces es sed, y otras manantial que sacia los anhelos.

Es señal de que estamos vivos, y hay ocasiones en que la vida es canto, y otras en que es añoranza.

Repasa tu historia de amor: ¿Qué nombres son importantes en tu vida?

2. Un amor que se construye
“En mi lecho he buscado al amor de mi alma. Búsquele y no le hallé. Me levantaré, pues, y recorreré la ciudad. Por las calles y plazas buscaré al amor de mi alma” (Ct 3, 1-2)

A veces lo mitificamos un poco. Mitificamos el amor como algo que, sorpresivamente, llega, como caído del cielo. En realidad no podemos exigirlo ni forzarlo. No podemos comprarlo ni obligar a nadie a correspondernos. Lo único que está a nuestro alcance es amar (y, quizás, en el camino, hacernos amables).

A nuestro alcance está abrir las puertas e invitar a los otros a entrar en nuestra vida. Salir a los caminos para estar asequibles a otras vidas –y no aislados en murallas que nos hacen inasequibles. Lo que está en nuestra mano es construir, con nuestras obras, nuestra palabra y nuestra vida, espacios donde los otros puedan sentirse en casa.

¿De qué manera haces el mundo un poco más amable?¿Qué pasos das para convertir el mundo en casa?

martes, 5 de mayo de 2009

Instituto San Judas Tadeo

Los Directivos y Sacerdotes fueron a la Basilica de Luján para agradecer a nuestra Madre un año más de nuestro insitutto San Judas Tadeo...



domingo, 3 de mayo de 2009

Casita de María

En Casita de María "Rosa Patricia" está pintando
la puerta de entrada, es un mural de Jesús y los niños.
Gracias Rosa por tu carisma y trabajo...


viernes, 1 de mayo de 2009

Instituto San Judas Tadeo - Plan de Construcción 09

Construcción de un corredor techado para el Nivel Primario


jueves, 30 de abril de 2009

Festejo del Cumpleaños del P. Iván - 26 de abril





miércoles, 29 de abril de 2009

Para la lectura espiritual


…Existe una compenetración entre el sufrimiento —llamémoslo cruz, una palabra que lo resume y transfigura— y el compromiso apostólico, esto es, la construcción de la Iglesia. No es posible ser apóstol sin cargar con la cruz. Y si hoy se ofrece el deber y el honor del apostolado a todos los cristianos de manera indistinta, para que la vida cristiana se revele hoy tal cual es y debe ser, es señal de que ha sonado la hora para todo el pueblo de Dios: todos nosotros debemos ser apóstoles, todos nosotros debemos cargar con la cruz.

Para construir la Iglesia es preciso esforzarse, es preciso sufrir. Esta conclusión desconcierta ciertas concepciones erróneas de la vida cristiana presentada bajo el aspecto de la facilidad, de la comodidad, del interés temporal y personal, cuando su rostro tiene que estar siempre marcado por el signo de la cruz, por el signo del sacrificio soportado y realizado por amor: amor a Cristo y a Dios, amor al prójimo, cercano o alejado. Y no es ésta una visión pesimista del cristianismo, sino una visión realista. La Iglesia debe ser un pueblo de fuertes, un pueblo de testigos animosos, un pueblo que sabe sufrir por su fe y por su difusión en el mundo, en silencio, de modo gratuito y con amor…

Pablo VI, Audiencia general del 1 de septiembre de 1976